iadarve/ septiembre 26, 2019/ Feminismos/ 0 comments

Hace un par de semanas me llegó la noticia de la suspensión de unas jornadas sobre trabajo sexual en la Universidad Da Coruña a causa de la presión que había recibido la UDC a través de redes sociales por parte de cierto sector del movimiento feminista. El punto principal de la polémica era la intervención en las jornadas de mujeres que ejercen la prostitución, de las que se había llegado incluso a decir que iban a “reclutar jóvenes para los burdeles” (podéis ver la noticia aquí).

Sin duda el de la prostitución es un tema polémico dentro del feminismo, es una cuestión que a menudo nos divide en posiciones que pudieran parecer irreconciliables. Pero precisamente por ello es algo sobre lo que es necesario debatir, dialogar, escuchar. A partir de mi propia experiencia en conversaciones sobre la prostitución dentro del feminismo, me atrevo a abordar algunos de los que arrogantemente considero los errores más comunes a la hora de tratar el tema. No pretendo posicionarme (lo que no garantiza que no se me vea el plumero), sólo proponer unas bases mínimas desde las que se podría abordar este debate.

 

Llamar a las cosas por su nombre: prostitución y trata

No es lo mismo, ni de lejos es lo mismo.  Me revuelve un poco el estómago verlo escrito en la misma frase tantas veces, como si fuera un pack indivisible. La trata de seres humanos no es sólo la que tiene que ver con la explotación sexual, aunque sea este tipo con el que estamos más familiarizadas. La ejecución de este delito implica:

  1. Una captación de la persona en el lugar de origen, un traslado y una acogida en un nuevo territorio (no tiene por qué ser en diferentes países)
  2. Que se lleve a cabo mediante amenazas, coacción, engaño, rapto, abuso de poder…
  3. El fin es la explotación, que puede ser de distintos tipos: sexual, trabajos forzados, esclavitud, servidumbre o extracción de órganos.

Podéis encontrar una definición mucho más detallada  en el Protocolo de Palermo

Creo que no hace falta explicar por qué es tan grave mezclar prostitución y trata. Sí, podemos decir que ambos fenómenos tienen lugar en “contextos de prostitución” (cuando la trata es con fines de explotación sexual), pero, salvo casos concretos, en principio hasta ahí llegarían las similitudes. Le hacemos flaco favor a las víctimas de trata cuando no hacemos por diferenciar su situación, problemáticas, contexto, necesidades, fortalezas, etc. de las de las prostitutas, más allá de la evidente especificidad que habrá en cada caso. Tampoco creo que con esta continua repetición del pack “prostitución y trata” se esté haciendo nada bueno por las prostitutas. Lo único que obtenemos de esto es confusión porque quiero pensar que la explotación sexual y la trata de seres humanos están completamente fuera del debate y la posición del feminsimo (y de cualquier cabeza pensante) frente a estos fenómenos es clara.

 

Voluntariedad: ninguna puta lo es porque quiere vs. hay putas que lo son porque quieren

Estos son argumentos muy comunes tanto desde el regulacionismo (“hay putas que se dedican a eso porque quieren”) como desde el abolicionismo (“ninguna puta lo hace porque quiere”). Algunas autoras como Estefanía Acién hablan del concepto de voluntariedad como continuo en el contexto del trabajo sexual y la prostitución y me parece fundamental tenerlo presente.

Imaginemos una línea horizontal en la que en un extremo esté lo que se hace de manera completamente obligatorio y en el otro lo que se hace de manera completamente voluntaria y libre. Lógicamente en esos puntos extremos no habría cabida para nada, puesto que nunca se hace nada de forma absolutamente obligada (aunque te pongan una pistola en la cabeza, tienes la opción de morir) y nada se hace de modo 100% voluntario y libre (nuestras acciones siempre están condicionadas, incluso aunque no seamos conscientes de ello- la familia, la sociedad en su conjunto, nuestras experiencias previas…-).

Vamos a recorrer esa línea continua de la voluntariedad con ejemplos relacionados con los contextos de prostitución en los que voy a incluir casos de explotación sexual desde lo “menos voluntario”, que quedaría a la izquierda, a lo “más voluntario”, que quedaría a la derecha:

  1. Una mujer es forzada a mantener relaciones sexuales con otra persona a cambio de dinero bajo amenaza de muerte (explotación sexual).
  2. Una mujer es forzada a mantener relaciones para pagar una “deuda” contraída al ser trasladada desde su país de origen a un nuevo lugar de acogida (explotación sexual).
  3. Una mujer llegó a España como víctima de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, pero hace años que no tiene contacto con la red de trata y ahora ejerce la prostitución sin tratantes ni proxenetas de por medio. (CASO REAL)
  4. Una mujer ejerce la prostitución, no hay proxenetas que hagan de intermediarios. Tiene escasa formación académica, no tiene red social de apoyo y es adicta al alcohol. Le ofrecen un empleo de trabajadora doméstica interna y decide rechazarlo y continuar ejerciendo la prostitución (CASO REAL)
  5. Una estudiante tiene dificultades para pagar la universidad y decide ejercer la prostitución puntualmente como forma de ganar bastante dinero rápidamente y poder costearse sus gastos.

Estos mismos casos se podrían mover a la derecha o a la izquierda en nuestra línea imaginaria (o de arriba abajo, en este caso) si tuviéramos más detalles, pero pensemos que sólo conocemos los que hemos concretado. Entiendo que en los casos 1 y 2, que son ejemplos de explotación sexual, nuestra posición es clara. Qué pasaría, sin embargo, si empezamos a analizar el caso 3 (que, además, es un caso que he conocido) ¿Esta mujer habría sido prostituta si no hubiera pasado primero por una experiencia como víctima de trata?, ¿lo habría sido si hubiera tenido más formación académica?, ¿y si viviera en un país cuyo idioma no le fuera desconocido? Entonces, ¿es prostituta porque quiere o no?

En el caso 4, otro caso real, la mujer elige ejercer la prostitución frente a la opción de trabajar como interna en una casa. Entonces, ¿podemos decir que es prostituta porque quiere? Si le hubieran ofrecido un puesto de administrativa cobrando el doble que cobraría como interna, ¿habría elegido lo mismo? Y podríamos seguir así con cada caso.

Lo único que quiero decir con esto es que el “querer” o “no querer”, la voluntariedad, no se puede intentar analizar en términos dicotómicos ni generalizados (reitero que exceptuamos aquí los casos de explotación sexual que lógicamente están FUERA del debate).

 

Lo que sí tienen en común las putas y las víctimas de trata: NO CONTAMOS CON ELLAS

Es cierto que he estado marcando mucho la importancia de diferenciar entre víctimas de trata y prostitutas, pero hay algo que sí que tienen en común y es que no se cuenta con ellas a la hora de tomar decisiones sobre cuestiones que les afectan. Sucede con la prostitución, tenemos un ejemplo claro en el caso que comentaba al principio de este artículo, pero podríamos encontrar muchísimos más en los que no se ha dado voz a las mujeres prostitutas.

Recomiendo mucho este artículo de Pikara Magazine en el que se habla sobre todo de la experiencia de tránsito de las mujeres originarias de lo que hemos venido a denominar “África Subsahariana” que son víctimas de trata explotadas sexualmente en nuestro país y en otros territorios del Mediterráneo. Cuando nos vamos a la raíz de este problema, nos encontramos con cuestiones económicas y políticas de escala global que se afrontan de un modo que podría resumirse, tal y como titula el artículo, “todo por la trata, pero sin las mujeres tratadas”.

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